La primera vez que fuí consciente de mis huecos
era el día que contaba esto:
"Una plaza pequeña de un pueblo tranquilo,
corrompida por el desorden de una clase de gimnasia a tercera hora,
de un colegio de primaria que tengo a mi espalda.
Ellos corren y parecen ser los únicos otros habitantes del lugar, aparte de mi,
en aquel momento, en aquél lugar.
Vaya, la piedra del banco dónde me siento está muy fría,
a pesar del sol que me da en la cara...
Resumen: una tranquilidad a saltos
formada de un paisaje de montañas, árboles de ramas secas,
pinos enormes, casas de piedra, más montañas...
Para olvidar una noche corta que contaba de desilusiones
de sociedades corruptas y sumisas.
Ahora con el culo frío y el sol en la cara
pienso en cosas que me hacen sentir bien..."
viernes, 8 de febrero de 2008
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